
Desde el principio Irlanda fue agraciada con todas las ventajas naturales
necesarias para la industria láctea: buen suelo, un clima moderado bajo la
influencia de la Corriente del Golfo, la humedad que traen los vientos del
suroeste, etc. Solino, un escritor del siglo III, escribió "Irlanda tiene
pastos tan magníficos que el ganado que allí se alimenta sufre el peligro de
morir de sobrealimentación, si no es por que periódicamente lo sacan de los
campos."
Santa Brígida de Kildare pasó su infancia en la granja lechera familiar
y dice la leyenda que diera lo que diera de productos lácteos a los
necesitados, siempre conseguía (milagrosamente) producir más. En una ocasión,
cuando un grupo de obispos la visitó sin avisar, no tenía leche que
ofrecerles, ya que "las vacas habían sido ordeñadas dos veces". Ordeñaron las
vacas una tercera vez y obtuvieron más cantidad de leche que en ninguna de las
dos ocasiones anteriores.
Bajo las leyes Brehon, uno de los sistemas legales codificados más
antiguos, una mujer divorciada tenía derecho a una sexta parte de la
producción láctea después de que su marido la abandonaba. Los productos
lácteos aparecen frecuentemente en el folclore irlandés y una versión de la
épica "El robo del ganado de Cooley" revela que la Reina Maeve de Connaught
fue herida mortalmente al ser alcanzada por un queso de leche desnatada con la
honda de su sobrino. Otra leyenda cuenta que hubo un intento de matar a San
Patricio ¡con un queso envenenado!
Posteriormente los archivos, especialmente documentos del Estado inglés
en relación a Irlanda, tienen mucho que decir acerca de los robos de ganado
como método de guerra interna. Un robo de ganado no sólo conseguía rebajar el
status del propietario cuyas vacas se llevaban, sino que además ¡tendía a
inducir a una sumisión inmediata! La leche y los productos lácteos eran
alimentos de primera necesidad y su eliminación se veía como una importante
arma de guerra.
ESTACIONALIDAD
En el siglo XVI, la estacionalidad del suministro de leche en Irlanda
tenía grandes implicaciones, del modo que aún ocurre hoy en día. En su libro, Irish
Food before the Potato, A.T. Lucas muestra cómo Sir George Carew se
quejaba de la fuerza, en términos militares, de los irlandeses "durante el
verano... ya que se alimentaban de la leche y la mantequilla de sus vacas". Un
informe enviado a las autoridades inglesas en 1596 indicaba que el mejor mes
para atacar a los irlandeses era febrero, debido a que en verano tenían gran
cantidad de leche "que era su alimento principal", pero a finales del invierno
es cuando se encontraban en su momento más vulnerable.
Los archivos del siglo XVII ofrecen una idea del estado de la industria láctea
en Irlanda en la época. La exportación de mantequilla a comienzos de siglo era
del orden de 1.500 toneladas anuales y existen referencias de que el producto
se exportaba a Francia. Sir William Petty realizó un estudio en aquel entonces
y calculó que existían unas 600.000 vacas en el país a mediados de siglo (1,1
millones en 2006) y que la producción de una vaca "inglesa" (!) era de 1.798
Kg. anuales (4.759 Kg. en 2006). Hasta mediados del siglo XVII el carácter de
la producción láctea en Irlanda era más de subsistencia que comercial. Fue
sólo más adelante cuando la mantequilla comenzó a emerger como un artículo de
exportación importante y rápidamente se convirtió en el principal producto de
exportación del país.
CRECIMIENTO DE LA EXPORTACIÓN
Las exportaciones de mantequilla comenzaron a despegar en la segunda
mitad del siglo XVII y esta tendencia se mantuvo hasta la Ley de la Unión y
después de ella. Fueron años de gran crecimiento de la industria láctea
irlandesa y el profesor Lyons en su History of our dairy Industry
(1959) calcula que la producción de leche hacia finales del siglo XVII era del
orden de 1.961 millones de kilos anuales (5,23 millones de toneladas métricas
en 2006).
El comercio se había hecho tan importante hacia 1685 que una
proclamación gubernamental, que se hizo eco de que la mantequilla "se
transportaba en cantidades muy grandes a lugares allende los mares, y por
consiguiente, de todos los demás, era lo que producía más rendimiento en
dinero", quiso regular el comercio y eliminar el abuso.
REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
El crecimiento del mercado inglés, después de la Revolución Industrial,
fue el desarrollo más importante de este periodo. Desde aproximadamente 1760
en adelante, Inglaterra, con una población que crecía rápidamente, comenzó a
importar mantequilla irlandesa en grandes cantidades. Tanto fue así que para
finales de siglo se convirtió en el principal mercado de exportación de la
mantequilla irlandesa.
FIRKINS
En los siglos XVII y XVIII Irlanda era el mayor exportador de
mantequilla al norte de Europa y las Américas. Irlanda dominaba el mercado de
mantequilla del mismo modo en que Holanda dominaba el mercado del queso en
aquel momento. La mayor parte de la mantequilla transportada desde Irlanda
hacia el continente europeo se volvía a enviar cruzando el atlántico, con gran
cantidad de sal con el fin de protegerla en los largos viajes que hacía a
menudo a través de climas cálidos y también con destino a ellos. El producto
se transportaba o bien en toneles, que pesaban 1 cwt (aprox. 50 Kg.) o más, o
en toneles menores conocidos con el nombre de "firkins" que contenían 56
libras (25,2 Kg.) de mantequilla.
La gran mayoría de esta mantequilla (unos dos tercios a finales del siglo
XVIII) se transportaba desde los puertos de Cork y Waterford, reflejando el
hecho de que la industria láctea comercial había florecido como la principal
actividad agrícola en los condados de Munster y en Kilkenny Sur.
La práctica de producción de queso, una actividad bien establecida en
Irlanda desde tiempos inmemoriales, comenzó a decaer entre la población
irlandesa nativa durante este periodo. El queso que se producía lo hacían los
colonos ingleses y escoceses y en el siglo XIX la producción doméstica de
queso ya había sido abandonada y el sabor tradicional prácticamente había
desaparecido.
INDUSTRIA ARTESANAL
La elaboración de mantequilla en aquel momento se limitaba a una
industria artesanal y el control de calidad era algo desconocido. Esto dio
lugar a la promulgación de varias leyes durante los siglos XVII y XVIII con el
fin de mejorar los niveles de calidad, pero el cambio más importante tuvo
lugar en Cork en 1769. Un comité de comerciantes se reunió en esa ciudad y
debido a que "el comercio de mantequilla de la ciudad y el país había caído en
un gran descrédito como consecuencia de los grandes fraudes que se realizaban
en su fabricación", se decidió "no enviar mantequilla alguna que no fuera
públicamente inspeccionada".
MERCADO DE LA MANTEQUILLA DE CORK
A finales del siglo XVIII y principios del XIX, el mercado de la
mantequilla de Cork era uno de los mercados de mantequilla más famosos del
mundo.
Los comerciantes de mantequilla de Cork crearon una organización
voluntaria para supervisar la inspección pública, marca y clasificación de la
mantequilla de exportación. Durante más de un siglo todos los "firkins" de
mantequilla que pasaban por el mercado de Cork eran estrictamente examinados y
clasificados. Cork constituía en la época el centro de la industria mantequera
de Irlanda, especialmente para los países más remotos. En sus mejores momentos
había barcos procedentes de Suecia, Dinamarca, Holanda, Francia, Portugal y
España que acudían de forma periódica para llevar mantequilla hacia sus
respectivas colonias. La mantequilla de Cork en particular logró una alta
reputación por su calidad y durante muchos años el precio de la mantequilla
clasificada en el mercado de la mantequilla de Cork era un precio reconocido a
nivel mundial.
El considerable aumento en la exportación de mantequilla probablemente
significó un declive del consumo entre la población nativa, pero Arthur Young
pudo aún observar tras su famoso periplo en 1776/77, que "la leche y las
patatas de las que se alimentan mayoritariamente los campesinos irlandeses
constituyen una dieta más nutritiva que el pan, el queso, la cerveza, el té y
la ginebra de los terratenientes ingleses".
Tras la promulgación de la Ley de la Unión entre Gran Bretaña e Irlanda el 1
de enero de 1801, la economía de Irlanda comenzó a estancarse. El sistema de
terratenientes, dominado por un pequeño número de absentistas, dio lugar a una
sobreexplotación agrícola y un exceso de división. Una de las consecuencias de
este sistema fue la hambruna cataclísmica de 1845-47.
En los años posteriores a la hambruna, se aprobó en Westminster una
serie de leyes con el fin de pasar el control de la tierra de los
terratenientes a los arrendatarios. A pesar de la horrible pobreza que
existía, las exportaciones de mantequilla eran altas en el siglo XIX debido a
que el producto se fabricaba para pagar el alquiler más que para el consumo
personal.
PEQUEÑOS PRODUCTORES
Muchos de los productores lácteos eran pequeños grupos de hombres que
alquilaban las vacas de los agricultores más ricos. Pero con el tiempo el
agricultor que tenía vacas propias pasó a dominar la producción. En 1841 el
rebaño medio en Cork era de 5 vacas (la media nacional fue de 42 en 2006),
aunque los rebaños variaban mucho en tamaño de un agricultor a otro, del mismo
modo que se da hoy en día.
Aunque la Ley de la Unión tuvo un efecto negativo en la economía
irlandesa, la industria láctea irlandesa aún mantuvo su posición como el
exportador más importante en el mundo en las primeras décadas del siglo XIX.
Durante un largo periodo Irlanda mantuvo su mercado con Brasil y hacia
mediados de siglo logró captar un nuevo e importante mercado en Australia.
Sin embargo, la industria de la mantequilla irlandesa no estaba tan bien
preparada para afrontar cambios en el mercado o nuevos rivales, sobre todo en
Gran Bretaña, donde la población se había urbanizado más y demandaba una
mantequilla con menos sal. La mantequilla irlandesa, como se ha mencionado
antes, contenía bastante sal, lo que la conservaba durante los largos viajes
hacia los mercados de exportación de tierras lejanas de todo el mundo. Con la
disminución de la demanda en estos mercados lejanos y con los cambios en las
preferencias de los consumidores de los mercados más cercanos, los
agricultores y los comerciantes lácteos irlandeses tardaron en adaptarse a las
nuevas situaciones. Francia, Holanda, y más adelante Dinamarca, emergieron
como exportadores de éxito para el mercado británico. Sus comerciantes
compraban la mantequilla a granel de sus agricultores varias veces a la
semana, la mezclaban con cuidado para lograr una calidad uniforme y
normalizada y enviarla a los pocos días en un envoltorio atractivo a Londres.
Esto le dio una considerable desventaja a la mantequilla irlandesa, pero
posteriormente hubo algunos acontecimientos interesantes que al final dieron
lugar a la moderna industria láctea de que disfrutamos en Irlanda en la
actualidad.
Irish Dairy Board